“Observa la mente, sé testigo de la mente,
sin escoger; se consciente sin elecciones, éste es el secreto. Lenta,
lentamente la mente cede, y hay un inmenso vacío. En este vacío encontrarás la
dirección.
Yo no puedo darte la dirección, nadie
puede darte la dirección. Sólo tu vacío, sólo tu nada se convierte en la
dirección. En la nada en lugar de la mente está la dirección".
Osho
Observar
En su más
sencilla definición, dada por el diccionario la Real Academia Española (RAE),
se trata de un verbo transitivo cuyo significado es “Examinar atentamente”;
nótese su diferencia en cuanto al concepto Mirar, que en el mismo texto hace
referencia al hecho de “Dirigir la vista a un objeto, observar las acciones de
alguien, revisar o registrar…”, entre otras cosas, este último concepto expone
la intención simple de percibir imágenes exteriores a través del sentido de la
vista.
Para el campo
de las Ciencias, la observación se estima como una de las principales técnicas
para la recolección de datos donde su relevancia, viene dada por los preceptos
filosóficos que a lo largo de la historia humana, nos han demostrado la
efectividad que esta tiene en cuanto al registro de los hechos o fenómenos que
cada investigador a presenciado en su respectivo proceso indagatorio.
Justo desde
esta perspectiva, en la que al hablar de observación, no se limita su campo de
aplicación al solo hecho de percibir los impulsos visuales sino que, consiste
como lo afirman Palella y Martins, en “estar a la expectativa frente al
fenómeno, del cual se toma y se registra información para su posterior análisis.”,
es desde donde precisamente quisiera que cada lector, comience a valorar su
potencial para descifrar los fenómenos sociales en los que se sitúa como
individuo, ya sea que esto le sirva en el proceso de investigación que esté
realizando (si fuese el caso), o simplemente para elevar su consciencia sobre
aquello que sucede a su alrededor; después de todo, has estado observando los
estímulos de este mundo desde que estuviste en el vientre de tu madre.
Dicho lo
anterior, paso entonces a dar una primera definición (de varias que estaré
compartiendo en mis publicaciones) sobre el concepto “Observar”; rayando en el
romanticismo al que no puede elevarse ninguna aseveración desde la estricta
opinión científica sobre la que más adelante también escribiré, me atrevo a
decir que; observar es una capacidad estrictamente humana, que nos permite
conocer nuestro entorno y a quienes cohabitamos en el mismo, con un nivel de
profundidad que viene dado por el grado de consciencia que se tiene sobre uno
mismo; por ende, para que pueda alguien observar realmente cualquier hecho,
situación o fenómeno con un mínimo de intromisión y evitando alterar lo observado,
deberá antes, haber logrado observarse a sí mismo y haber conocido durante ese
proceso, el carácter cambiante que compartimos con el universo.
La afirmación
precedente, exige que se expliquen algunos de los muchos elementos que lo
componen, esto en función de contribuir con la interpretación que pueda darle
usted a ese párrafo. Lo primero a destacar es que la restricción del concepto,
acerca de ser solo una capacidad humana, se refiere obviamente a nuestra
condición racional capaz de dar sentido a lo que percibimos a través de
construcciones mentales originadas por nuestras experiencias de vida,
conocimientos, acceso a la información, posibilidad de socialización con
nuestros pares y por supuesto, las posibilidades cada vez más amplias de la
aplicación de tecnologías a nuestros procesos de observación.
Lo segundo
que quisiera aclarar, es la correlación expuesta en mi definición de
observación en cuanto a que, el nivel de profundidad con que podemos conocer lo
observado es directamente proporcional al grado de consciencia que se tiene
sobre uno mismo, y en este punto sé que muchos de los intelectuales del Método
Científico, han descartado la lectura de este texto juzgándolo como fuera de
orden, influenciado por juicio de valor y como una obra totalmente marcada por
el sesgo; pero como en realidad no he escrito para ellos, poco importa si se
han ido a continuar su camino de erudición en la biblioteca o a tomar vino con
sus colegas mientras se ríen de mis ideas.
Lo que
importa en este caso, es que usted reflexione un poco sobre lo siguiente:
1. ¿Realmente
todo lo que ven sus ojos es real?
2. Si acaso
cree que es real, ¿Esta realidad es producto de una acción deliberada por parte
de quienes intervienen en esa realidad?
3. Suponiendo
que todo es real y producto fiel de una o muchas intenciones deliberadas de los
actuantes, ¿La interpretación que usted le da a lo observado será exactamente
lo que esa realidad representa para cualquier otro que la esté observando al
mismo tiempo?
Estas y muchas
otras preguntas cuestionan de cierto modo, mi percepción sobre casi todo lo que
actualmente admito como real, y no es que me pase todo el día pensando que vivo
en un contexto como el de la película Matrix (aunque hasta cierto punto lo
creo), pero considero necesaria la reflexión sobre si aquello que analizo e
interpreto de cada situación (sobre todo cuando es importante para mí o para
otros), para luego socializarlo con mis alumnos, colegas, familiares o amigos,
es más un reflejo de mí, que de aquella realidad ante la cual he sido un
observador.
Y si me
preguntan desde cuándo mi interés por saber hasta qué punto lo que observo
corresponde o no con la realidad de los hechos, podría señalar que por mera
curiosidad, hace casi treinta años (tengo 36 al escribir esto), hubo una idea
que me quedo fija en la cabeza por días, luego de presenciar un espectáculo urbano
frente a la Catedral de mi ciudad natal Maracay, capital del Estado Aragua,
Venezuela y que relato brevemente:
Era una tarde
de cansancio, venía con mamá de una de las casas donde ella trabajaba como
doméstica, y al llegar a la plaza vimos el tumulto de gente que rodeaba a un
hombre que gritaba “Acérquense, conozca la maravilla de…”, no recuerdo
exactamente que vendía, pero sé que era un tipo de elixir que servía, entre otras
tantas cosas, para mejorar la visión de todo aquel que lo tomara. Precisamente ese
parecía ser el mejor de los atributos de aquella pócima ya que, ese hombre había
orquestado un mini espectáculo para demostrar la necesidad de llevar a casa lo
que vendía.
Entre alborotos,
apretujones y empujones logré hacerme de un sitio para ver el acto de “magia”
que haría el caballero; mi madre, que había accedido a pesar de su cansancio
para darme un rato de distracción luego de la larga jornada de trabajo, se
mantuvo vigilando a distancia pues sabía muy bien que este tipo de
aglomeraciones eran ideadas por algunos pillos para robar la cartera de los
espectadores. El hecho es que, ahí estaba el mago, y para no extender más el
cuento, ante aproximadamente 25 pares de ojos o más, hacía desaparecer de sus
manos con gran velocidad, cada artículo que los asistentes le prestaban para su
acto luego de que él lo pidiera; bolígrafos, lentes, documentos de
identificación, billetes; todo, todo lo que pasaba por sus manos, luego de dos
o tres movimientos simplemente desaparecía.
Lo curioso es
que, cada vez que “mágicamente” lo que tenía en sus manos se esfumaba, aquel
hombre espigado, de discurso envolvente, que manejaba con una destreza
impresionante sus tonos de voz y la velocidad de sus palabras (Eso puedo
decirlo hoy que he aprendido algo sobre el tema), se detenía para hacer énfasis
en una frase que fue precisamente la que me dejó por días pensando en él, y
claro, con esto es que demostraba la importancia de tomar el brebaje que
ofertaba con su exhibición, incesantemente el hombre repetía de forma convencida,
aires de poder y total autoridad:
“Si usted es rápido con los ojos, yo soy más rápido con
las manos”
Este bizarro episodio
(para la ciencia) me hizo pensar que, aunque aquel sujeto estaba anunciando a
todos los presentes que en realidad no había nada de magia en la forma como
hacia desaparecer cada objeto, y que todo lo fantástico se debía a una
habilidad aprendida para mover las manos (y su cuerpo) y distraer con el
discurso, lo que sí era real, es que todos los que observábamos teníamos una
necesidad: Mejorar nuestra capacidad de observar.
Me preguntaba
a la vez cosas como:
- ¿Si mucha
gente tuviese la habilidad de aquel hombre sin decirnos, entonces pudiésemos estar
engañados gran parte del tiempo?
- ¿Si un
compañero de colegio pudiera hacer esto y hace desaparecer mi desayuno, yo
tendría que quedarme sin comer aun sabiendo que solo era un truco?
Pero, lo más
importante de todo, y que sigue siendo una pregunta en mi presente ¿Por qué sabiendo
que estamos siendo engañados desde el principio por una limitación en nuestra
vista, terminamos "comprando" aquello que nos ofrecen supuestamente, para no
volver a ser víctima de la mentira?
Usted y yo
sabemos que tomar una merengada carísima que promociona una persona con un
cuerpo perfecto no hará que por arte de magia seamos “Gente fitness”, pero compramos
docenas de potes; sabemos que a pesar de las propiedades físicas de un metal
que pueden beneficiar nuestro sistema a partir del magnetismo esto no hará que
nuestra actitud sea mejor sin antes trabajar en nuestras emociones, pero
compramos la pulsera.
Incluso usted
sabe que, solo leer lo que he escrito en esta publicación no servirá de nada
sin un proceso reflexivo propio, que le permita reconocer su sistema de
pensamientos para entender el porqué de los significados que le da individualmente
a cada hecho que observa, pero aun así, ha llegado hasta estas últimas líneas
pensando que al terminar la lectura, un poder sobrenatural le dotará de una habilidad suprema para ver más allá de lo
evidente, como lo solicitaba Leono (personaje protagonista, líder de los ThunderCats)
a la Espada del Augurio.
Yo en cambio, agradecido con usted por terminar de leer mi escrito, espero
haber cumplido el propósito de esta publicación: Renovar su interés en conocer la
realidad por medio de la observación, desde un estado consciente acerca de la
influencia que tiene su propio ser, sobre la interpretación que haga acerca de
la “realidad” observada.
Si esto se ha logrado en usted, me doy por servido, y le invito a leer mi próximo
post para seguir reflexionando juntos, sobre la transcendencia que tiene en lo
personal y en lo social, Nuestro Poder de Observar.