viernes, 26 de enero de 2024

La falta de coraje disfrazada de ceguera

 

“El amor nunca muere de muerte natural. Muere porque no sabemos cómo reponer su fuente. Muere de ceguera y errores y traiciones. Muere de enfermedad y heridas; Muere de cansancio, de marchitaciones, de deslustres.”

 

Anaïs Nin


Impedidos para ver podemos estar la mayor parte de nuestra vida; así hemos aprendido a recorrer el mundo desde nuestro hogar, escuela y sociedad, porque resulta más sencillo cerrar los ojos, según nuestros guías, ya que al no ver, “no sienten”.

Lo que no nos explicaron realmente es que, nunca dejamos de observar, entiéndase este concepto en los términos que hemos venido explicando en publicaciones anteriores, donde se dijo que no son solo los ojos que miran, sino que también la escucha, el tacto, las sensaciones todas, forman parte de la observación; por lo que aún cuando nos esforcemos por “no ver”, es imposible evitar seguir observando.

Sabiendo esto, entonces, ¿Qué es lo que hemos aprendido? Para mí, la cobardía de no admitir aquello que observamos, como si esto puede de alguna manera mitigar los efectos que tienen los hechos o condiciones de las que somos testigos, como si esta “omisión” voluntaria o no (ya lo hemos aprendido tan bien que lo hacemos desde el inconsciente), equivale a no observar la realidad.

“No hay peor ciego que el que no quiere ver”, nos han dicho siempre, pero yo quisiera agregar que: Peor a no querer ver, es saber que no puedes evitar hacerlo.

Un martirio resulta para quien a su falta de coraje le pone el nombre de ceguera, son estos los que se saben soberbios, pero insisten en verse al espejo como humildes; son los mismos que traicionan, pero caminan junto a nosotros creyéndose nuestros hermanos. Son los mismos perversos, orgiásticos, báquicos que insisten en verse como castos, puros, púdicos.

Atención con esto, hay una gran diferencia entre estas personas y los hipócritas, estos últimos saben y reconocen lo que son, por eso deciden disfrazarlo; de los que hablo en esta entrada, es de aquellos que tienen tanto temor de admitir lo que observan que, prefieren no ver, como si eso evita el fenómeno de la observación.

Esto mismo ocurre en el campo de las Ciencias; todas, Sociales, Naturales, ninguna escapa de esta realidad. El temor a las represalias, temor a ser calificados negativamente por los eruditos, miedo al descrédito y hasta temor por peligros que atenten contra su vida; llevan en más de una ocasión a suprimir información, datos, resultados, fenómenos, situaciones o condiciones que, algunos de los más brillantes observadores logran registrar, pero que cierran los ojos para justificar con un “Yo no lo he visto”, sus omisiones pues, les falta el coraje para admitir la realidad que presencian y divulgarla como corresponde, de acuerdos a los principios éticos que le deben regir como investigador.

Como recomendación le digo a ustedes, queridos lectores; lo que veas en ti es lo que eres, entiéndelo y acéptalo; en caso de querer cambiarlo solo así lo vas a lograr, y en caso que sea algo que te agrade solo así lo vas a poder disfrutar. En tus relaciones, cualquiera que estas sean, lo que observas es lo que es, no temas poner nombre a las cosas, solo así se puede caminar junto a otros disfrutando el viaje. En tus investigaciones lo que observas es lo que es, no omitas información ya que esa puede ser la pieza del eslabón perdido. 


jueves, 14 de diciembre de 2023

La Necesidad en la Ciencia

 La religión es la cultura de la fe; la ciencia

es la cultura de la duda.

Richard Feynman



Sin duda alguna, las Ciencias históricamente se han desarrollado por la necesidad del Hombre; sean estas desde las más básicas, hasta la cúspide de la pirámide propuesta por Maslow donde se corona la “Autorrealización” como condición perseguida en nuestro afán de tener o sentir.

Por ello, no es secreto para nadie que, la divulgación científica de determinados resultados e incluso grandes Teorías que han dominado durante ciertos períodos de tiempo en distintas áreas del conocimiento, sean generados y replicados gracias a su capacidad de satisfacer alguna carencia importante de acuerdo con el contexto histórico que transcurre. Esto hace que en más de una oportunidad (por no decir demasiadas), la Ciencia termine “demostrando” aquello que necesitan difundir los grupos que la financian, aquello que un buscador de fama requiere para dar el salto o simplemente, “hechos, verdades y leyes”, que se necesitan para mantener una condición de orden o caos, según convenga para el momento.

Lo cierto es que, resulta extremadamente difícil para cualquier científico, mantener su ética investigativa ante las presiones a las que es sometido o simplemente, es en ocasiones insostenible su postura crítica y racional, ante la necesidad de llevar pan a su mesa, resguardar su bienestar o como ha sucedido ya, arriesgando su propia vida y la de sus seres queridos.

Conociendo esto, la invitación que hago a ustedes como investigadores que hoy me leen, es a no permitir ser confundidos o convencidos por “verdades” de la Ciencia sin antes poner a prueba lo que estudian; admitir antes de comprobar no es una opción si lo que desea realmente es conocer y compartir conocimiento.

Incluso, para quienes llegaron hasta esta parte del post y no se dedican al campo de la investigación, vaya también mi alerta de no creer por “necesidad”, en todo lo que vemos o escuchamos sin antes agotar las posibilidades de comprobarlo; no te será extraña esta escena que describo a continuación y espero con ella explicar de manera sencilla el punto del que trata hoy mi escrito:

Aprendiste a ser una persona independiente en tu vida, trabajas, estudias, tienes amistades, metas, objetivos claros y acorde con tus sueños, emocionalmente estable y tienes cautela con tu circulo social; pero, existe la necesidad de algo más, no sé que es, tampoco tú posiblemente lo tienes claro, pero lo necesitas. Resulta que alguien nuevo se acerca y te ofrece satisfacer esa carencia, la personalidad de ese sujeto (construida como medio de interacción con el mundo exterior al igual que tú construiste la tuya) es genial, cada palabra, gesto, movimiento y hasta su silencio te dan datos que parecen ser perfectos, tienes una información referencial tan amplia que definitivamente se hace real para ti, la condición de aceptar su oferta porque es exactamente lo que necesitas.

Ahora que le diste entrada, adivina lo que sucede...

...¡Sí! Nada resulta ser como creíste, luego de abandonar tus propios parámetros de verificación, luego de haber desestimado tus instrumentos válidos para recolectar información y después de un análisis sesgado de los datos reales, te das cuenta que has cometido un error; pero en realidad todo esto no es exactamente la causa del problema en sí, tu y yo sabemos cuál fue. ¡Exacto! Comenzar tu recorrido desde la Necesidad, como dije antes, quizás ni siquiera consciente de ello.

Sobre esto, puede hablarte mejor un profesional en psicología de tu confianza, pero el hecho es que, sucede en la Ciencia, como sucede también en la vida diaria, ya que en fin, no hay lo uno sin lo otro.

Para cerrar quiero decirte que, precisamente gracias a los errores es que se ha logrado el desarrollo que hoy conocemos, por lo que nada de lo aquí escrito sugiere que equivocarse sea malo; el objetivo en cambio es, ampliar nuestra conciencia acerca de la naturaleza de estos errores, saber que existen, que probablemente se repitan, que son parte del proceso investigativo así como de vivir y que te prepares, para responsabilizarte de ellos si los cometes.

Gracias como siempre por leerme…











lunes, 20 de noviembre de 2023

Nuestros Paradigmas

Los paradigmas son como anteojos. Cuando tienes paradigmas incompletos de ti mismo o de la vida en general, es como usar anteojos que no son adecuados para tu vista.

Stephen Richards Covey 




Para mi abuela, la computadora representa una herramienta que el Demonio utiliza para perder a los humanos, pero que también puede ser utilizada para el bien de las personas en las manos adecuadas. Para mí, la tecnología es un medio que permite mejorar la vida de todos, aunque considero que en las manos inadecuadas se convierte en el artefacto más peligroso fabricado por el Hombre. Para mi hija de cinco años, la tecnología es una extensión de su mente que le permite visualizar cosas que dentro de sí misma piensa, pero que se hace real a través de un artefacto, por tanto, en su inocencia, no existe posibilidad que esta tecnología tenga algún rasgo malvado. A estas tres distintas interpretaciones, mi querido lector; le podemos llamar “Paradigmas”.

En términos generales, podemos decir que al hablar de Paradigma, nos referimos a todo el marco referencial que se constituye a partir de nuestro sistema de pensamientos y que modelan la forma en la que percibimos todo en la vida.

Este concepto ha sido objeto de estudio desde muchos ámbitos intelectuales, pero en filosofía de la ciencia, es a partir de la obra de Thomas Kuhn titulada “La estructura de las revoluciones científicas” en 1962, donde comenzó a convertirse en centro de atención y debate respecto a su relevancia en la generación del conocimiento del Hombre.

En lo que respecta al propósito de la revisión del concepto dentro de la temática del presente post, tiene que ver con aclarar como afecta dicho paradigma en nuestras observaciones y el análisis de cada situación en la que nos involucramos, bien sea como investigadores o simplemente en nuestra vida cotidiana; puesto que, es inseparable lo uno de lo otro cuando comprendemos que, nuestro accionar viene dado precisamente de los modelos mentales que hemos creado a lo largo de nuestra vida.

Ya en mis publicaciones anteriores les comentaba acerca de algunas de las limitaciones que tiene la observación cuando existe determinada intencionalidad por parte de quien investiga y cuando los elementos estudiados modifican su comportamiento en ocasión de sentirse objetos de tales averiguaciones; pero a todo esto cabe preguntarse reiteradamente, ¿Por qué observamos de la manera que lo hacemos?, ¿Por qué tenemos determinada opinión acerca de lo que observamos?, ¿Desde qué argumento juzgamos como bueno o malo aquello de lo que somos testigos?

Una respuesta que yo sugiero para todas estas interrogantes es la siguiente: Por convicción propia, la cual es producto de nuestras experiencias y conocimientos desarrollados desde que nacemos hasta el momento presente, debido a las influencias de nuestro entorno y sobre todo, por la construcción (normalmente inconsciente) de todo un modelo representativo al que denominamos realidad; en conclusión, gracias a nuestros Paradigmas.

Valga el énfasis en lo escrito entre paréntesis dentro del párrafo anterior, “Normalmente Inconsciente”, y desde este punto, recomiendo para todo el que recién se adentra en el campo de la Investigación Social lo siguiente:

Superar las limitaciones de nuestra capacidad de observación y elevar igualmente nuestras competencias para analizar de la mejor forma posible la realidad de los fenómenos y situaciones que observamos, exige que previamente hagamos una examinación minuciosa de nuestros paradigmas, para de esta forma, hacer consciente nuestra manera de pensar y conocer las razones de nuestras propias opiniones; con ello, trataremos de evitar en la mayor medida posible, que este marco en forma de anteojos (como lo llama Covey) sea quien observe y analice en detrimento de la verdad del otro.

Como puede verse, se trata de algo mucho más complejo que la elección entre los enfoques más utilizados y explicados dentro de asignaturas como Metodología de la Investigación (sobre todo en las carreras de pregrado en la universidad venezolana), donde se nos ofrece la elaboración de estudios Cuantitativos o Cualitativos; ya que estos a mi parecer, son solo las maneras en las que le damos tratamiento a los datos y la información que ellos nos revelan.

En cambio, la adopción de determinado paradigma, describe en principio los rasgos del investigador antes que los de la situación que ha decidido estudiar, así como su nivel de conciencia acerca de la problemática, a la que pretende brindar una respuesta; se trata entonces dicha elección, de una declaración que hace el investigador al mundo sobre su postura en un momento preciso de su vida, frente a una situación exacta en la cual ha decidido ser además de testigo, un factor de cambio y del cual yo esperaría, se produzca una alteración del orden inicial a partir de la actuación de un individuo que tiene como propósito, mejorar el estado original aun cuando al final, no lo logre.

Y ¿Por qué no es lo más importante lograr el objetivo?, porque en las Ciencias Sociales, al igual que en la vida, lo que realmente logra un estadio superior son los procesos y no la meta en cuestión; el solo hecho que una persona se haga consciente de sus paradigmas, mejora su relación consigo mismo y con quienes le rodean; es decir, ya se mejora el mundo. Comprender en este mismo ejercicio que, al igual que nosotros los demás observan, analizan y evalúan a partir de sus propios paradigmas, fomenta un mundo más empático y tolerante, lo cual también mejora al mundo.

Interiorizar lo que aquí se ha dicho; que nuestros paradigmas obedecen a la construcción que hemos hecho de la realidad a partir de nuestro conocimiento y experiencias previas, dándonos la posibilidad de alterarlos y mejorarlos a partir de una nueva codificación mental y la decisión presente de modificarlos para ser mejor personas y mejor investigadores es en mi opinión, un paso trascendente que en mi propia vida ha generado cambios importantes y definitivamente para mejor, incluso para quienes están a mi alrededor.

Para finalizar, quisiera desde mi posicion como investigador (no como especialista de la consucta, porque no lo soy), dejarte algunas preguntas para ir ejercitando ese estado consciente de los paradigmas que modelan tu manera de ver la realidad y que te servirá a lo largo de tu labor investigativa:

 

¿A qué le temías cuando tenias cinco años y por qué?

¿A qué le temes en este momento de tu vida y por qué?

¿Cuáles son las maneras en las que hoy manifiesta tu amor y qué tan diferentes son a las que empleabas cuando tenías cinco años?

¿Por qué crees que lo bueno es bueno y lo malo es malo?

¿Por qué lo que es bueno para otros no lo es también para ti?

¿Quién te dice que lo explicado en este post realmente es útil para tu vida?

Ya que conoce un poco mejor el concepto de Paradigma, hágase consciente de cuál o cuáles son los que modelan su manera de pensar, y evite que su análisis dependa únicamente de tales preceptos. 










viernes, 17 de noviembre de 2023

Algunas dificultades para la Observación (Parte 2)

 

La educación es lo que sobrevive cuando lo que

se ha aprendido ya se ha olvidado.

B. F. Skinner

                                                                 

  B. F. Skinner, psicólogo, filósofo social, inventor y autor estadounidense; considerado como padre del conductivismo operante, realizó un experimento en el que a dos grupos distintos de investigadores se les asignó por separado, evaluar el comportamiento de un conjunto de conejillos de indias; a un grupo de observadores les tocaron ejemplares de pelaje blanco y el segundo haría lo correspondiente con los animalitos de pelaje gris.

Las observaciones pretendían valorar la evolución del aprendizaje en los conejillos de indias, para superar un complejo recorrido que constituía un laberinto luego de administrarles determinadas dosis de vitamina C; sin embargo, antes que los dos grupos de científicos (que por cierto eran excelentes profesionales en su área) comenzaran con el trabajo, se les entregaron informes previos donde se afirmaba que las especies de pelaje blanco eran muy superiores en inteligencia a las de pelaje gris, y que estas últimas eran menos hábiles para aprender que las otras.

Se realizó de esta manera el experimento y cada equipo de investigadores expuso el respectivo informe de resultados, las conclusiones a las que se llegó de acuerdo con la información, solo confirmaban la hipótesis de los informes entregados antes de iniciar el estudio; según los datos, los Cuy (como le conoce en Suramérica) de pelaje blanco, desde el inicio se mostraron mucho más inteligentes que los grises; además, luego que ambos conjuntos de animales recibieran sus respectivas dosis de vitamina, en los blancos se podía ver el incremento de sus habilidades mientras que en los grises, parecía no surtir mucho efecto ya que, seguían siendo torpes durante todo el periodo de observaciones. Esto podría catalogarse entonces como un estudio confirmatorio exitoso.

Pero; y es aquí donde todo resulta de mayor interés para lo que deseo compartir con ustedes mis queridos lectores; luego de culminada la experiencia antes contada; Skinner revela algo que estremecía las supuestas bases de la Ciencia en cuanto a la racionalidad y objetividad desde las que todavía en el presente, se pretende creer que todo en la vida es cognoscible.

El psicólogo explicó que ambos grupos de conejillos de indias eran de la misma cepa, ¡sí! (a mí también me causó gracia), resulta que todos los animalitos eran blancos y solo se había teñido de gris el pelaje del segundo grupo ya que el objetivo del experimento, no era evaluar el comportamiento animal sino la conducta de nosotros, los humanos; demostrando con esto que, los prejuicios del investigador, pueden irrefutablemente, incidir en los resultados de sus observaciones.

¿Acaso no sucede esto en nuestra vida diaria de la misma forma, una y otra vez?

¡Claro que sí! Y uno puede creer que quienes se dedican al estudio científico, estarían exentos de tales vicios, pero la verdad, es que seguimos siendo humanos (es lo que somos naturalmente) y por tanto, en riesgo permanente de ser víctimas de lo aprendido con anterioridad.

Por ello, luego de haberte dado una alerta en mi publicación anterior acerca de la “Modificación de los sujetos y de las situaciones por el hecho de su propia observación”, en esta segunda parte, respondiendo de alguna forma a las interrogantes que dejé igualmente al final del post anterior, te quiero advertir acerca de “La intencionalidad y los prejuicios” que pueden afectar tus procesos de conocimiento sobre lo nuevo, ya que resulta en extremo complicado separar esto de nuestras experiencias anteriores en una forma que no altere tanto nuestras observaciones como el análisis de las mismas.

Mi énfasis en este asunto, se debe a que, como saben, son las Ciencias Sociales mi principal área de estudio, pero que sirva lo aquí explicado también para nuestros procesos diarios de vida; ¿Cuántas veces te alejas o acercas demasiado a personas equivocadas solo por una idealización que te haces a partir de tus prejuicios?, ¿Cuántas veces hacemos juicios a priori de personas o situaciones sin conocer el contextos, las causas y razones de aquello que estamos observando?, ¿Qué tanto se parecen nuestras ideas a la realidad de aquellos sobre los que dejamos caer nuestro dictamen?

Reflexionar sobre estos asuntos, puede terminar por hacernos cambiar realmente nuestros paradigmas (constructo sobre el que estaremos hablando en próximas publicaciones), y no se trata aquí de una receta para el éxito instantáneo como el que nos venden en las redes sociales y nuestra actual cultura de la inmediatez, a la que alguien muy inteligentemente le llamó en una ocasión “La era Nestea” (valga la cuña a la bebida instantánea y, vaya el crédito que debo de la frase, a alguien de quien no recuerdo ahora su nombre).

Se trata este cambio de paradigma en nuestra vida, de un proceso consciente acerca de la complejidad de la realidad humana; realidad de la que somos parte y que al mismo tiempo vamos construyendo cada día de nuestra existencia, que amerita una nueva manera de ser observada para lograr ser comprendida con más amplitud, con más humildad y sobre todo, con mayor empatía (valor este que en lo personal me ha costado sudor y lágrimas cultivar). ¿Te interesa potenciar tu capacidad de observar?, ¿Compartes mi propósito de convertirnos cada día en una mejor versión de nosotros? Entonces te espero la próxima semana por aquí, para continuar Observando desde Adentro.

 

 

viernes, 10 de noviembre de 2023

Algunas dificultades para la Observación (Parte 1)

Es casi inevitable que, al enterarse que están siendo observados; los sujetos que son objeto de tales observaciones, modifiquen su comportamiento ante la preocupación de sentirse juzgados, evaluados o simplemente descubiertos por parte de quien les observa.

Atta, J. 



Todos los viernes por la noche, cuando tenía unos 9 años, mamá y yo asistíamos a una reunión religiosa con un grupo Católico que se denominan “Carismáticos” y en donde se leía la biblia, se oraba, se cantaba y se hacían diversas actividades propias del culto. Al terminar la jornada, los anfitriones de ese día (las sesiones eran en distintas casas de familia semanalmente), ofrecían aperitivos para compartir un rato agradable con los presentes; pasapalos dulces y salados, bebidas (nada de alcohol) y de más, eran el deleite de todos los que minutos antes, cantábamos sin cesar “Alabanzas al Altísimo”.

Particularmente, a mí me fascinaban las deliciosas galletas de “pasta seca”; eran (y siguen siendo) un delirio; sobre todo, esa que es alargada y tiene la punta cubierta de chocolate (en Venezuela se le llama fosforito). Lo cierto es que, ofrecían mucha variedad de este tipo de galletas y yo sentía un deseo enorme de comerme al menos diez de cada una; pero, ¿Quién creen ustedes que me estaba observando?

¡Sí! Exactamente, mi mamá, quien además me advertía de camino a la reunión con: “No te quiero ver como un glotón comiendo galletas al final de la reunión” (glotón no era exctamente como lo decía, pero es el equivalente); así, cada viernes por la noche, todos los adultos asistentes en aquellas reuniones (durante casi 5 años más o menos), veían como aquel niño (regordete de paso), era tan educado y austero al momento del compartir, aún cuando otros contemporáneos con él, se desenfrenaban sin control ante la suculenta bandeja de galletas.

Sirva la anterior historia, para exponer exactamente el punto que trata esta primera parte en la que, se pretende destacar algunas de las dificultades que debe superar la observación cuando nos damos a la tarea de obtener información sobre algún fenómeno o situación social; en algunos estudios de Psicología al tratar de explicar el Método Observacional, llaman al comportamiento que yo he relatado sobre mi experiencia, como “Modificación de los sujetos y de las situaciones por el hecho de su propia observación.” Y explican que, “la situación de sentirse observado engendra unos efectos propios, modificando así las observaciones al alterarse los comportamientos.”

Esto debemos tenerlo muy presente cuando nos adentramos en la investigación (sobre todo en las Ciencias Sociales), pero también en nuestra vida diaria ya que con demasiada frecuencia, aquellos a quienes observamos procuran mostrarse de la manera en la que quieren ser admirados y no necesariamente como son, todos sin excepción lo hacemos en mayor o menor medida y es casi tan natural, como respirar.

Pudiésemos creer que se trata de hipocresía, de falsedad o manipulación, pero lo cierto es que se trata de una respuesta a partir de nuestro instinto de sobrevivencia, que en ocasiones raya en una actuación tan simulada, que transgrede la esencia del Ser, pero que lejos de merecer un juicio con sentencia negativa por parte de quienes observamos, debe llamarnos a reflexionar acerca de distintas cuestiones como:

- ¿Mi estrategia y herramientas de observación fueron lo suficientemente sutiles?

- ¿La intencionalidad de mi observación habrá interferido con la objetividad de mis interpretaciones?

- ¿Mi abordaje fue lo suficientemente respetuoso como para no interferir de forma brusca en la situación o actividades del sujeto observado?

- ¿He realizado las observaciones suficientes como para realizar un análisis que se acerque lo suficiente a la “realidad” abordada?

Como estos, muchos otros aspectos debemos preguntarnos antes del dictamen que hagamos a partir de nuestras observaciones ya que, no solo se trata de las modificaciones que emplee sobre sí y su entorno el sujeto observado, sino que en muchas ocasiones (más de las que deseamos), solo vemos aquello que deseamos ver; pasa en la Ciencia como pasa a diario en la Vida.

lunes, 30 de octubre de 2023

Nuestro Poder de Observar (Parte 2)

 

La vista es el más noble de los sentidos. Los otros cuatro solo nos instruyen por medio de órganos del tacto: escuchamos, sentimos, olemos y tocamos todo por contacto, pero la vista está infinitamente por encima, se sublima más allá de la materia y se aproxima a las facultades del espíritu.

Johann Wolfgang von Goethe


En mi publicación anterior, escribí acerca de la amplitud del concepto Observar que, va más allá de las limitaciones que se tienen al dejarse guiar solo por aquello que podemos percibir a través del sentido de la vista; sin embargo, el dramaturgo, novelista, poeta y naturalista alemán Johann Wolfgang von Goethe, considerado como uno de los principales (por no decir el mayor) representante del Clasicismo, valoraba por encima de todas las percepciones físicas que logramos los humanos, a la vista, explicando el alcance de sus impresiones hasta el plano espiritual, trascendiendo por mucho a lo exclusivamente físico.

Personalmente, si estoy de acuerdo con ese nivel que podemos alcanzar con nuestras observaciones; pero, por el hecho de considerarme un investigador interesado en los fenómenos sociales, me identifico mejor con las explicaciones que dan Hernández, Fernández y Baptista diciendo que, observar no es mera contemplación (‘sentarse a ver el mundo y tomar notas’); implica adentrarnos profundamente en situaciones sociales y mantener un papel activo, así como una reflexión permanente. Estar atento a los detalles, sucesos, eventos e interacciones.”; lo cual implica, la interacción de todos los sentidos (no solo la vista), para lograr conocer aquello que ocurre dentro de la situación que hemos decidido estudiar.

Dicha inmersión por parte de quien observa, no puede excluir en ningún momento la posibilidad de ampliar; de ser necesario, su contexto de indagación hasta escenario que no son solo aquellos que inicialmente ha seleccionado como campo del cual recolectaría información, sino que puede incluir contextos individuales en los que se desarrolla la vida de algunos de los sujetos que ha tomado como informantes, ya que entiende la incidencia que esto pudiese tener en el comportamiento, sentimientos y en definitiva, en la información que obtendrá para ser analizada.

Asimismo, en la vida diaria, donde frecuentemente servimos de “jueces” sobre cualquier situación en la que nos encontramos involucrados, guiados principalmente por lo que de forma limitada observamos; resultaría de gran utilidad recordar lo que trato de explicar en el párrafo anterior. ¿Cuántos disgustos nos ahorraríamos si dejáramos de suponer?, ¿Cuántos disgustos evitaríamos solo con preguntar?, ¿Cuántos malentendidos y desenlaces fatales se pudieron prevenir solo ampliando nuestra observación?

“Lo pude haber preguntado”, “lo pude haber dicho”, “pude saberlo”, “lo pude haber conocido mejor”. Conoces estas frases, porque para tí, al igual que para mí (en el pasado), observar es solo un concepto que se nos enseña desde la posición racional de percibir con la vista, y ni siquiera de forma profunda, “hechos y no palabras”, nos dicen a diario; y sí, los hechos son los hechos, pero por la palabra (y en ocasiones, más por el silencio), fuimos advertidos pero incapaces de observar.

En la descripción de mi blog consigues la siguiente afirmación: El mejor cumplido que puedes obsequiar a alguien es "Te Observo". Lo creo así porque no se limita a mirar al otro, sino a reconocerlo, y para ello se requiere escuchar, oler, tocar, saborear (aunque sea en intención y de forma metafórica) su esencia, su SER; no solo su presencia, sino también su inexistencia en tu espacio, lo cual da paso a su existencia en tu mente.

Por todo esto, que es mi pensar y que, se apoya teóricamente en lo que algunos con mayor conocimiento y experiencia en el área de las Ciencias ya han dicho, considero que: Observar, no es más (ni menos en ningún caso) que, nuestra capacidad de percibir lo evidente y lo discutible que existe en nuestro entorno, empleando para ello los sentidos de forma coordinada y gobernada desde nuestro propio Ser, lo cual hace que la profundidad del conocimiento que pueda alcanzarse dependa definitivamente, del nivel de consciencia que tenemos sobre nosotros, nuestros propósitos, virtudes y defectos, en ocasión de evitar perturbaciones arbitrarias en la interpretación de aquella información a la que accedemos.

Lo anterior, no es una definición recomendada para colocar en tu Trabajo de Grado, pero sí, una que desearía que reflexiones en cada ocasión en la que te coloques en posición de “juzgar los hechos”, sea dentro de tu ámbito académico, laboral, social; y de ser posible, en tu propio Estilo de Vida por completo. 

jueves, 26 de octubre de 2023

Nuestro Poder de Observar (Parte 1)

 “Observa la mente, sé testigo de la mente, sin escoger; se consciente sin elecciones, éste es el secreto. Lenta, lentamente la mente cede, y hay un inmenso vacío. En este vacío encontrarás la dirección.

Yo no puedo darte la dirección, nadie puede darte la dirección. Sólo tu vacío, sólo tu nada se convierte en la dirección. En la nada en lugar de la mente está la dirección".

Osho

Observar 


En su más sencilla definición, dada por el diccionario la Real Academia Española (RAE), se trata de un verbo transitivo cuyo significado es “Examinar atentamente”; nótese su diferencia en cuanto al concepto Mirar, que en el mismo texto hace referencia al hecho de “Dirigir la vista a un objeto, observar las acciones de alguien, revisar o registrar…”, entre otras cosas, este último concepto expone la intención simple de percibir imágenes exteriores a través del sentido de la vista.

Para el campo de las Ciencias, la observación se estima como una de las principales técnicas para la recolección de datos donde su relevancia, viene dada por los preceptos filosóficos que a lo largo de la historia humana, nos han demostrado la efectividad que esta tiene en cuanto al registro de los hechos o fenómenos que cada investigador a presenciado en su respectivo proceso indagatorio.

Justo desde esta perspectiva, en la que al hablar de observación, no se limita su campo de aplicación al solo hecho de percibir los impulsos visuales sino que, consiste como lo afirman Palella y Martins, en “estar a la expectativa frente al fenómeno, del cual se toma y se registra información para su posterior análisis.”, es desde donde precisamente quisiera que cada lector, comience a valorar su potencial para descifrar los fenómenos sociales en los que se sitúa como individuo, ya sea que esto le sirva en el proceso de investigación que esté realizando (si fuese el caso), o simplemente para elevar su consciencia sobre aquello que sucede a su alrededor; después de todo, has estado observando los estímulos de este mundo desde que estuviste en el vientre de tu madre.

Dicho lo anterior, paso entonces a dar una primera definición (de varias que estaré compartiendo en mis publicaciones) sobre el concepto “Observar”; rayando en el romanticismo al que no puede elevarse ninguna aseveración desde la estricta opinión científica sobre la que más adelante también escribiré, me atrevo a decir que; observar es una capacidad estrictamente humana, que nos permite conocer nuestro entorno y a quienes cohabitamos en el mismo, con un nivel de profundidad que viene dado por el grado de consciencia que se tiene sobre uno mismo; por ende, para que pueda alguien observar realmente cualquier hecho, situación o fenómeno con un mínimo de intromisión y evitando alterar lo observado, deberá antes, haber logrado observarse a sí mismo y haber conocido durante ese proceso, el carácter cambiante que compartimos con el universo.

La afirmación precedente, exige que se expliquen algunos de los muchos elementos que lo componen, esto en función de contribuir con la interpretación que pueda darle usted a ese párrafo. Lo primero a destacar es que la restricción del concepto, acerca de ser solo una capacidad humana, se refiere obviamente a nuestra condición racional capaz de dar sentido a lo que percibimos a través de construcciones mentales originadas por nuestras experiencias de vida, conocimientos, acceso a la información, posibilidad de socialización con nuestros pares y por supuesto, las posibilidades cada vez más amplias de la aplicación de tecnologías a nuestros procesos de observación.

Lo segundo que quisiera aclarar, es la correlación expuesta en mi definición de observación en cuanto a que, el nivel de profundidad con que podemos conocer lo observado es directamente proporcional al grado de consciencia que se tiene sobre uno mismo, y en este punto sé que muchos de los intelectuales del Método Científico, han descartado la lectura de este texto juzgándolo como fuera de orden, influenciado por juicio de valor y como una obra totalmente marcada por el sesgo; pero como en realidad no he escrito para ellos, poco importa si se han ido a continuar su camino de erudición en la biblioteca o a tomar vino con sus colegas mientras se ríen de mis ideas.

Lo que importa en este caso, es que usted reflexione un poco sobre lo siguiente:

1. ¿Realmente todo lo que ven sus ojos es real?

2. Si acaso cree que es real, ¿Esta realidad es producto de una acción deliberada por parte de quienes intervienen en esa realidad?

3. Suponiendo que todo es real y producto fiel de una o muchas intenciones deliberadas de los actuantes, ¿La interpretación que usted le da a lo observado será exactamente lo que esa realidad representa para cualquier otro que la esté observando al mismo tiempo?

Estas y muchas otras preguntas cuestionan de cierto modo, mi percepción sobre casi todo lo que actualmente admito como real, y no es que me pase todo el día pensando que vivo en un contexto como el de la película Matrix (aunque hasta cierto punto lo creo), pero considero necesaria la reflexión sobre si aquello que analizo e interpreto de cada situación (sobre todo cuando es importante para mí o para otros), para luego socializarlo con mis alumnos, colegas, familiares o amigos, es más un reflejo de mí, que de aquella realidad ante la cual he sido un observador.

Y si me preguntan desde cuándo mi interés por saber hasta qué punto lo que observo corresponde o no con la realidad de los hechos, podría señalar que por mera curiosidad, hace casi treinta años (tengo 36 al escribir esto), hubo una idea que me quedo fija en la cabeza por días, luego de presenciar un espectáculo urbano frente a la Catedral de mi ciudad natal Maracay, capital del Estado Aragua, Venezuela y que relato brevemente:

Era una tarde de cansancio, venía con mamá de una de las casas donde ella trabajaba como doméstica, y al llegar a la plaza vimos el tumulto de gente que rodeaba a un hombre que gritaba “Acérquense, conozca la maravilla de…”, no recuerdo exactamente que vendía, pero sé que era un tipo de elixir que servía, entre otras tantas cosas, para mejorar la visión de todo aquel que lo tomara. Precisamente ese parecía ser el mejor de los atributos de aquella pócima ya que, ese hombre había orquestado un mini espectáculo para demostrar la necesidad de llevar a casa lo que vendía.

Entre alborotos, apretujones y empujones logré hacerme de un sitio para ver el acto de “magia” que haría el caballero; mi madre, que había accedido a pesar de su cansancio para darme un rato de distracción luego de la larga jornada de trabajo, se mantuvo vigilando a distancia pues sabía muy bien que este tipo de aglomeraciones eran ideadas por algunos pillos para robar la cartera de los espectadores. El hecho es que, ahí estaba el mago, y para no extender más el cuento, ante aproximadamente 25 pares de ojos o más, hacía desaparecer de sus manos con gran velocidad, cada artículo que los asistentes le prestaban para su acto luego de que él lo pidiera; bolígrafos, lentes, documentos de identificación, billetes; todo, todo lo que pasaba por sus manos, luego de dos o tres movimientos simplemente desaparecía.

Lo curioso es que, cada vez que “mágicamente” lo que tenía en sus manos se esfumaba, aquel hombre espigado, de discurso envolvente, que manejaba con una destreza impresionante sus tonos de voz y la velocidad de sus palabras (Eso puedo decirlo hoy que he aprendido algo sobre el tema), se detenía para hacer énfasis en una frase que fue precisamente la que me dejó por días pensando en él, y claro, con esto es que demostraba la importancia de tomar el brebaje que ofertaba con su exhibición, incesantemente el hombre repetía de forma convencida, aires de poder y total autoridad:

“Si usted es rápido con los ojos, yo soy más rápido con las manos”

Este bizarro episodio (para la ciencia) me hizo pensar que, aunque aquel sujeto estaba anunciando a todos los presentes que en realidad no había nada de magia en la forma como hacia desaparecer cada objeto, y que todo lo fantástico se debía a una habilidad aprendida para mover las manos (y su cuerpo) y distraer con el discurso, lo que sí era real, es que todos los que observábamos teníamos una necesidad: Mejorar nuestra capacidad de observar.

Me preguntaba a la vez cosas como:

- ¿Si mucha gente tuviese la habilidad de aquel hombre sin decirnos, entonces pudiésemos estar engañados gran parte del tiempo?

- ¿Si un compañero de colegio pudiera hacer esto y hace desaparecer mi desayuno, yo tendría que quedarme sin comer aun sabiendo que solo era un truco?

Pero, lo más importante de todo, y que sigue siendo una pregunta en mi presente ¿Por qué sabiendo que estamos siendo engañados desde el principio por una limitación en nuestra vista, terminamos "comprando" aquello que nos ofrecen supuestamente, para no volver a ser víctima de la mentira?

Usted y yo sabemos que tomar una merengada carísima que promociona una persona con un cuerpo perfecto no hará que por arte de magia seamos “Gente fitness”, pero compramos docenas de potes; sabemos que a pesar de las propiedades físicas de un metal que pueden beneficiar nuestro sistema a partir del magnetismo esto no hará que nuestra actitud sea mejor sin antes trabajar en nuestras emociones, pero compramos la pulsera.

Incluso usted sabe que, solo leer lo que he escrito en esta publicación no servirá de nada sin un proceso reflexivo propio, que le permita reconocer su sistema de pensamientos para entender el porqué de los significados que le da individualmente a cada hecho que observa, pero aun así, ha llegado hasta estas últimas líneas pensando que al terminar la lectura, un poder sobrenatural le dotará de  una habilidad suprema para ver más allá de lo evidente, como lo solicitaba Leono (personaje protagonista, líder de los ThunderCats) a la Espada del Augurio.

Yo en cambio, agradecido con usted por terminar de leer mi escrito, espero haber cumplido el propósito de esta publicación: Renovar su interés en conocer la realidad por medio de la observación, desde un estado consciente acerca de la influencia que tiene su propio ser, sobre la interpretación que haga acerca de la “realidad” observada.

Si esto se ha logrado en usted, me doy por servido, y le invito a leer mi próximo post para seguir reflexionando juntos, sobre la transcendencia que tiene en lo personal y en lo social, Nuestro Poder de Observar.






sábado, 24 de julio de 2021

 

La diferencia entre “Estar Vivos” y “Ser un vivo”

 

“El bien es mayoría

pero no se nota

porque es silencioso”

 Facundo Cabral

Un niño, no mayor a 7 años hacia fila en la parada junto a una señora que parecía ser su madre en espera del transporte público que les acercaría a su destino, yo podía verlos a escasos metros mientras esperaba a un cliente que había comprado uno de mis productos y con quien acordé la entrega en un sitio concurrido (Ya saben, por aquello de la seguridad); avanzaban los minutos y podía ver que como yo, aquella criatura se impacientaba ante el calor del radiante Sol de las 11:00 de la mañana que alumbra las calles de Maracay, mi ciudad jardín; sin embargo al muchacho le sonrió la suerte primero, pues el enorme Bus de color rojo llegaba con más puntualidad que mi comprador y la algarabía invadía a la muchedumbre como si se tratara de una comparsa de carnaval, al punto, que hizo desaparecer al joven por un momento de mi vista.

Una vez estacionado debidamente el transporte, las personas que pretendían subir, se medio organizaban sin dejar pasar la oportunidad de un par de empujones, malas caras que se hacían notar muy a pesar de la mascarilla, y uno que otro improperio lanzado al aire, pero que por uso y costumbre, quedaban en simple alharaca sin trascendencia mientras comenzaban con el abordaje hacia su rumbo; no pasaron ni dos minutos de aquella escaramuza y de nuevo pude ver a mi infante personaje, quien confuso luego de unos cuantos manoteos por parte de la señora que le acompañaba, trataba de adelantar indebidamente a los demás pasajeros a quienes les correspondía entrar primero que a ellos.

Debo confesar que lo primero que vino a mi mente fue: “¡Miren al muchachito!, no tiene tamaño”, mientras su metro veinte de estatura y quizás unos 25 Kg luchaban por hacerse camino entre el tumulto de personas que iban avanzando al interior del “trans Aragua” (Medio de trasporte publico administrado por el gobierno regional del Estado Aragua), esta fue una batalla que no se prolongó por encima de 7 minutos y que lamentablemente para nuestro amiguito, terminó en derrota.

En verdad era muy difícil el desafío, todos querían irse y nadie cedía un solo milímetro de su posición en la cola, además, ese pequeño cuerpo cansado, quizás deshidratado y sin la habilidad suficiente, no era rival para la enardecida gente que estaba delante de él, muchos de ellos ni siquiera pudieron tampoco abordar el bus, por lo que sus ánimos quedaron aun mas caldeados y los improperios subían de tono, pero igualmente sin que representara motivo de agresión entre ellos, algo que me dejaba calmado y me permitía seguir concentrado en lo que el chiquillo hacía.

Así, el niño regreso a donde estaba su madre en la fila y regañado por esta, las lágrimas se hicieron notar en su rostro; allí otro pensamiento vino a mi mente respecto al muchacho: “Eso le pasa por vivo y desobediente”, yo creí justo que le reprendiera puesto que su actitud no parecía propia de un niño respetuoso hacia su progenitora; no obstante una revelación para mi sorpresa seguiría a mi tan inexacto análisis de la situación.

Resulta que al lugar donde yo esperaba ya con cierto mal humor a mi retrasado cliente, llegó un vehículo de carga del que bajarían mercancía para un establecimiento que estaba a mi espalda, esto hizo que debiera moverme a una posición que me permitiera tener mejor visibilidad mientras estaba atento para hacer la entrega; por ello, para protegerme del inclemente sol y aguardar la llegada, pasarme al sitio de la parada donde estaba el niño era la mejor opción y lo hice. Fue en ese momento donde descubrí cuan equivocado estaba respecto a nuestro personaje y la doña que aun después de mas de cinco minutos no paraba de regañarlo.

Para mi sorpresa, la rabia y motivo de la efusividad del reclamo de la cuarentona (Quizás más cerca de los 50), era que aquel crío no había logrado Colearse de la manera en la que ella le indicó, la frase exacta de la señora fue “…Muchacho pendejo, te dije que te pusieras la pilas, por tu culpa nos quedamos…” y una sarta de insultos que no vale la pena referir más que para exponer el motivo o el detonante que me ha llevado a escribir estas líneas para ustedes.

Dos cosas recordé luego del episodio de esa mañana, la primera era que no se debe emitir valoraciones sin la información completa de los sucesos, algo que como investigador de las ciencias sociales siempre trato de tener como premisa, pero que en mi condición de humano imperfecto en ocasiones olvido, y razón por la que en primer instante, la escena, el lenguaje corporal y la actitud del niño me llevaron a deducir de forma equívoca que él era el de la Viveza.

Lo segundo que recordé es una frase que mi mamá me repitió en muchas ocasiones durante mi formación ciudadana cuando niño, “Tus derechos terminan donde comienzan los derechos de los demás”; una oración que si yo fuese publicista, la incorporaría en una gran campaña para la promoción de valores cívicos en esta realidad Venezolana tan golpeada por personas como la cuarentona responsable del cuidado de aquella pequeña víctima.

Y le llamo víctima al chico porque en aquel momento lo fue, primero de las malas enseñanzas que le daba su progenitora, segundo de unas condiciones sociales que propician un malestar en una actividad que debería resultar sencilla como lo es montarse en un autobús, fue también agraviado por mi juicio de valor indebido en medio de mi impaciente espera que, aunque no le ocasionaba un daño directo, igualmente es incorrecto ya que el merecía más de mí; en definitiva y como quedé pensando y preguntándome aquel día durante toda la tarde, ¿Qué futuro tiene mi país cuando en vez de estar Vivos preferimos ser unos Vivos?.

No exagero al decir que aquella tarde un sinfín de preguntas parecían emerger en mi cabeza de todas las partes de mi cuerpo, haciendo ejercicios de catarsis sobre aquello que había visto y escuchado durante la mañana, me cuestionaba sobre si aquel espectacular ser humano seguía siendo bombardeado en su mente por aquella mala educación, ¿Cómo podremos reclamarle en unos años cuando en vez de adelantar a alguien en una fila, tome algo ajeno pensando en su mente que como puede y quiere hacerlo, entonces es correcto?, ¿Cómo se le exige que sea paciente en la formación de un negocio propio mientras este crece con esfuerzo y trabajo, cuando se le ha enseñado que es mejor los atajos para conseguir lo que se quiere?.

Podría pensar el lector de este escrito que no soy más que un fatalista, que he quedado enganchado en un hecho cotidiano sin relevancia, que es solo la inquietud de algún puritano sin oficio que pretende a través de unas pocas líneas venir a dar lecciones de moral y buenas costumbres a los demás; pero lo cierto es que esto, es solo producto de un cuestionamiento propio acerca de mi actuar en primer lugar, porque cuando me detengo a revisar mis propios patrones de pensamientos, muchas de mis costumbres, muchas de mis creencias, a pesar de haber contado con una excelente formación ciudadana por parte de mi madre a quien le agradezco inmensamente, puedo notar que mi entorno me educó más para ser un vivo que para estar vivo.

Pocos días, antes de decidir escribir este artículo dije a mi hijo mayor, de ya casi 15 años que “Nuestro país no es reflejo de nuestros políticos, al contrario, nuestros gobernantes son el reflejo de lo que somos como sociedad”¸ esto por una conversación acerca de que este 2021 es año electoral para elegir dirigentes regionales en Venezuela, y sobre la premisa en la que le explicaba al adolescente que ya pronto será adulto, que no se nace corrupto, la gente se corrompe, y no se envicia el político, él o ella es primero una persona corrupta que luego se vuelve político.

Quizás ese niño regañado por su madre quien lo señalaba de ser un Pendejo que no se colea, logre transcender esas malas enseñanzas, aspiro que así sea, porque el solo imaginarlo como un gobernador cuya formación sea la de Ser un Vivo, pienso seguirá hundiendo a nuestro país reduciendo las oportunidades de Estar Vivos en él.

La falta de coraje disfrazada de ceguera

  “El amor nunca muere de muerte natural. Muere porque no sabemos cómo reponer su fuente. Muere de ceguera y errores y traiciones. Muere de ...